No puedo dormir destapada. (Leasé que hasta con 40 grados de calor a la sombra, yo necesito taparme aunque sea con una sábana)
No puedo dormir con medias. (Leasé que hasta con -10º C de temperatura, duermo descalza, es más, amo hacerme un bollo y luego ir estirando los pies hacia los lugares que todavía permanecen congelados en el colchón)
Debo dormir sobre mi costado derecho con el izquierdo apuntando al techo.
No puedo dormir con las puertas del placard abiertas. (Antes era peor, porque la única puerta abierta debía ser la de mi pieza, así que supongo que de tener que cerrar TODAS las puertas, hasta las puertitas de las estanterías de la cocina, y la persiana y ventana en pleno verano a sólo las del placard, crecí O.o)
Algo que sí erradiqué de mi vida, fue que mi padre y mi hermano me dijeran y dieran "Las 4 cosas" sin las cuales no podía siquiera intentar conciliar el sueño. Éstas consistían en: "Que duermas bien", "que sueñes con los angelitos" y "hasta mañana". Y naturalmente un beso de mi padre, si no estaba lo llamaba por teléfono, para que las pronunciara y me mandara el beso. Mi hermano era más chico, y yo lo obligaba a decirme todo eso, hubo veces en que hasta lo desperté; después se acostumbró y él también comenzó a demandar que yo se las dijera a él. (y así ya podemos explicar el cariño que me tiene ahora)
También tenía una lucecita que era como un enchufecito rojo, y que se ponía y quedaba toda la noche, por si quería ir al baño o algo así, porque me he pagado cada palo que fue necesario. Todavía sigo pegandome palos, soy autodestructiva, brutita, moretones todo el tiempo, sobre todo en las piernas, desde que nací anduve cayendome.
Tampoco podía dormir sin sonido, porque en el silencio unas abejas asesinas me zumbaban en el oído, y tenía que producir un estampido para que cesara.
Era muy miedosa, miedosa de cosas inventadas, o vistas. No le tenía miedo a la gente, le tenía miedo a espectros, muñecas y cosas del más allá, aunque de cierta forma me atraían. Hubo un tiempo en el que llamaba a mi papá para que durmiera conmigo en la mitad de la noche, tipo 4. Después comencé sufrir de insomnio y ya me sentía "grande" para llamar a gente para que durmiera conmigo (además ya no entrabamos en una cama simple), por lo que me levantaba y miraba televisión, o intentaba en vano seguir durmiendo, entonces imaginaba cosas, relatos, cuentos, historias, y así comencé a escribir. Solía tener un cuaderno y una birome bajo la almohada para anotar sueños si es que lograba dormirme, o si se me ocurrían cosas interesantes; así me acostumbré a estar sola en la noche, y empecé a disfrutarlo.
Todavía lo hago.