jueves, agosto 31, 2006

Inquisición.

Más de una vez se preguntó el porqué de las cosas. Se preguntó, y bien dicho está, porque ahora que te había encontrado ya no se preguntaba nada más; nada más que por qué había perdido el tiempo preguntándose las cosas que no tienen mejor respuesta que un beso, o una simple mirada atenta.

lunes, agosto 28, 2006

Lo posible.

No lo abandones, aunque esté demasiado muerto no lo abandones. Quitale la corona de flores de la cabeza, el maquillaje del rostro, las manos del pecho. Arrancalo de la comodidad de un féretro, de su memoria de velorio, de los transeúntes en llanto.
Y si aún así no abre sus ojos, no lo abandones. Arrebatale las cenizas, el dolor y el pasto fresco del recuerdo.
La muerte ya no tiene clientes, hasta los autos que la trasportaban se despojaron de sus vidrios y permitieron al aire desflorado adueñarse de sus largas colas ceremoniosas pronunciando a tiempo el último pésame.
La muerte hoy no tiene clientes, hay dos paraguas colgando de donde nunca antes habían colgado, nuestros pasos son uno solo y vemos que el cielo nos sonríe sobriamente con una boca tan blanca como la luna misma, contrastando su luminosidad con el posible universo.

domingo, agosto 27, 2006

Té.

Estaba sentadita con aires de lady en un bar, tomaba el té de a sorbos muy pequeños, era frágil. Entonces pensó en desmenuzarla, en como sería tenerla desnuda en su cama, entre sus brazos, con el cuerpo tibio, con las horas interminables de una jornada de sudor.
Pensó en que ya no sería una princesa que tomaba el té de a pequeños sorbitos, en que se convertiría en una bestia mimosa, en que se desnudaría y sus caderas serían su mundo; en que se desnudaría y con un humor visceral lo besaría con una lengua húmeda y terrible, abarcativa y llena de flores y abejas y especias. En que luego posaría sus manos sobre su boca para evitar el llanto que iría a causarle la despedida, la falta de la tensión, el adios a la obra de arte que acababan de pergeñar. En que su voz le diría que mejor sería su partida, o su llegada a otro lecho. En que si le decía eso, miles de odios, de alas quebradas de hojas blancas, de lapiceras sin tinta, de silencios eufóricos vendrían a callarlo. En que si esto sucedía, si ella partía, tendría ganas de descorrer las cortinas que nunca abría, salir a ese balcón y volar con esas alas tan rotas; o quizás, y que no sería lo mismo, dejarse caer.
Pero nada de esto ocurrió, ella seguía tras esa vidriera, bebiendo ahora,vorazmente, su té: lo único que le sabía propio.

sábado, agosto 26, 2006

Lo primero que salió.

¿Cuál es tu problema?
¿Cuáles son tus problemas?
¿Yo soy un problema?
Quisiera ayudarte y
¿Por qué decís eso?

Te vas a dar cuenta
Cuando ya sea tarde,
De que la poesía no existe
De que tus manos forjaron la nada
De que mis ojos se fueron de viaje
De que mi amor es imprudente y vano
De que no puedo tenernos
De que mi piel se tiro al abismo
y ahora soy carne viva
soy huesos húmedos por la sangre.

Los alamos aullaron
Las rocas enmudecieron
Los amores sudaron
Y el sudario de tu voz
Se fue creyendo.

miércoles, agosto 23, 2006

La calma.

¿No ves ese sudor que nos empaña, que nos corroe, que nos adentra?
Cuando me nombran me siento irrepetible, absoluta. Labios.
¿No ves que en el abrazo somos más únicos, que nos arropa la vigilia?
Cuando me rodean me siento azul, incendiada. Extremidades.
¿No ves esa visión que nos ve?
Cuando me escudriñan, me siento desnuda, desvestida. Manos.
¿No nos ves?
Me siento yo misma. Calma...

domingo, agosto 20, 2006

Blank.

Mañana al vernos
nuestros besos serían distintos
mis manos ajenas
tu voz improbable

Asumiendo los hechos,
nos sentiríamos
más que rotundos
menos deseables

Los objetos tornarían
en colores desolados
los ojos en siniestros adorables
y nuestras sombras,
sinceras despedidas.

miércoles, agosto 16, 2006

Música!

Al final, después de tan larga travesía, he podido subir la caja cantora, o caja que canta, aunque yo prefiero llamarla cajita musical.
Ahora tenemos musicalización, y como soy una persona diversa e indecisa, hay de todo.
Besos!

lunes, agosto 14, 2006

Untitled

Quisiera ir a la tumba de ese gran escritor, y verlo cuando sale a la noche y se sienta con un habano en la mano a releer sus obras.

jueves, agosto 10, 2006

Del amor.

IX
"Hago todo lo que puedo por parecer seco. Quiero imponer silencio a mi corazón, que piensa tener que decir muchas cosas. Cuando creo haber anotado una verdad, tiemblo siempre por si no escribí más que un suspiro."

"Del amor". Stendhal (Henri Beyle).

Un capítulo entero tan conciso y apropiado.

lunes, agosto 07, 2006

Postergaciones.

Hace girar la canilla, luego la otra, luego la otra. Y mientras todo se pone en funcionamiento subitamente, y real; espera.
Aunque todo está listo, espera. No quiere apresurarse y le encanta el sonido de lo posible, y lo fresco que está cerca del suelo. Se sienta, lee, deja de leer y piensa, que desde afuera se debe oir aún mejor. Sale entonces, envuelta y escucha un pájaro. Está desnuda y envuelta. Y una brasa, y unas cenizas se acercan cada vez más a sus dedos. Está determinada a no soltarse. Está determinada a no dejar ir ciertas cosas que sabe que debiera.
Ve el humo, y hay viento, y se disipan los vestigios.
Suspira, larga y hondamente, como si le sobrara el aire. ¡Qué estupidez, qué generosidad!
El aire de la habitación le pertenece y a las cosas que yacen con ella allí. Sólo ve moverse un echarpe rojo, la manija de tela de una bolsa y un adorno que cuelga de una puerta. Claro está que su mano también está moviéndose mientras escribe esto. Su pecho se está moviendo, sus ojos, y el agua que escucha correr en ese baño que postergó también.
Acaba de apagar el cigarrillo, pero hay algo que no se seca y no le permite volver a la humedad.
Quisiera irse. ¿Puede? Está sola para contestar y está cansada de auto-contestarse cosas. Quiere, NO!, necesita ser contestada. Ella es simplemente, llanamente, pacífica y estruendorosamente una pregunta a labios cerrados, a puertas abiertas, pero solitaria.

viernes, agosto 04, 2006

El tiempo que nos quitaba el tiempo mismo.

Nos miraban; por encima de los hombros nos miraban. Con asco quizás, con odio, con vergüenza, envidiosos.
Nos miraban, con tanta fijeza y escudriño. Absortos ante tanto lirismo, ante nuestras formas encadenadas, nuestra cadencia. Deseaban nuestros besos, los abrazos y el abrigo. Pero eramos uno, imposible el desparpajo, y frente a la parafernalia de copas y sonrisas fútilmente esbozadas, nos estabamos amando. Amabamos el tiempo que nos quitaba el tiempo mismo, la opacidad de los espejos reflejando nuestra transparencia, la cercanía de las manos y los labios, la torpeza del retozo primero. Y eran tantos esos hombros y tantos más los ojos, que nos lavaban lo impropio.
El pecado no existía, ni la promesa, ni la vida eterna. Eramos nosotros, simplemente nosotros mismos: eso, bastaba.