jueves, septiembre 28, 2006

Mitades.

Qué venga. Qué venga la pelotuda esa que la cagó a trompadas, ya te lo dije mil veces, si pudiera la mataría a palos, o mejor con un arma blanca es más seductor.
Pensala así, toda llena de sangre, rebalsada después de que hayamos luchado contra la otra, ambas bañadas en sangre y amándonos por matarnos. Ella me amaría más que a vos porque yo sería dueña de su vida, y cada vez que quisiera morirse, y como vemos esto sucede seguidito, me vendría a buscar para que juntas nos quitaramos la ropa y nos mataramos lentamente con las manos.
Estoy segura de que me amaría, de que desearía a la muerte con más frecuencia. De que estaría deseosa de que nos lamieramos las lágrimas y de que ni siquiera tendría que dudar en compartirte conmigo. De que si tuviera que morir nuevamente preferiría que yo la matara en vez de vos, de que querría con toda su alma que fuera yo quien la amara por última vez, mientras que vos nada más te sentarías a ver como la descarno, como la deshueso, como la incorporo a mí y nos hacemos esa mujer que habías imaginado alguna vez, pero que vino en dos partes separadas.

miércoles, septiembre 27, 2006

Hilarious

La besaste en mi cara, en mi casa, a contraluz, sin pensarlo dos veces. La besaste con esmero, la besaste mejor que a mí, la amaste en ese beso.
Nunca me vas a amar así.
Y a mí que me daba risa.

Vos. (En la repetición reside el cambio. Cada repetición es única.)

Cuando es un sueño se levanta con cariños para comenzar a repartir.
Cuando es una pesadilla se levanta con amor, y siente.
Cuando no recuerda, te recuerda real, realizado.
Cuando se despierta odia, cuando se duerme, revuelve.
Cuando necesita te recita, cuando te amonesta se arrepiente.
Cuando te detesta se detesta, cuando te traiciona se traiciona.
Cuando te extraña se asombra, cuando te ahuyenta te resiente.
Cuando se violenta te abraza, cuando te adora se encuentra.
Cuando te mata se pierde, cuando se mata se lamenta por no poder tenerte.

martes, septiembre 26, 2006

Frontera.

Ella sonreía a la cámara, él quería jugar.
La desnudó tan tibiamente que el abrazo pareció frío. El toque de las carnes los preocupaba cada vez más, porque ninguno parecía encontrar el atractivo en los roces, el deseo en los labios, el hogar y la morada en los ojos del otro.
Sonrieron por placer, por complicidad, por amor.
Se dolieron tiernamente por un tiempo, hasta que la cinta dejó de correr, y ya no fueron para el público, sino para ellos mismos. Cuando la luz roja se apagó se desnudaron realmente, se recorrieron la piel como caminos de arcilla, se despegaron los días y las noches de las entrañas y concibieron un mundo único y depurable. Un mundo donde el llanto existía, donde los errores existían, donde los odios existían.
Ese mundo donde viven algunos pocos benditos.

sábado, septiembre 23, 2006

Hueco.

Este estomago vacío grita
y ante tantos manjares prefiero tu boca.
Estas manos se desarman
y con el mundo entre ellas el decaimiento es mayor.
Esos pájaros que cantan
no saben que es odiar
no saben más que reir
mientras yo lloro.
La ilusión nos peregrina
y con todo esto en los hombros, extraño.
Este perfume que se impregna
y ante tantos aromas prefiero tu voz.
Estas muertes que nos cercan
y la atrocidad de la vida es cercana.
Ante la posibilidad de la inexistencia
ya ni mis manos se desangran
ya ni grita el desvarío
no hay ni puertas ni salidas
no existe eso del olvido.
La docilidad nos fragiliza
y ante tanto desamor:
siento amarte entre tanta convención.

A veces necesitamos la sencillez de las cosas, la sencillez hasta en las palabras, la sencillez de la verdad, y vivir se hace tan simple como entender qué es la complejidad.

miércoles, septiembre 20, 2006

Oscuridad.

Siempre estaba pensando y ese era el problema, pensaba demasiado. No podía olvidarse de todos esos fantasmas que había creado y que lo perseguían. Lo había intentado, incluso con esmero, pero era simple la cosa: no podía... por más que intentara ya no estaba en sus manos.
Le había dado vida a cosas inertes, a cosas que ya estaban muertas hacía un tiempo considerable y lo estaban volviendo loco.
Vivía desesperado, sobre todo por esta última que había aparecido. Al principio cuando me contaba no quería nombrarla, porque las que no había nombrado se habían ido así, sin más, pero cuando las nombraba ya no se iban. Eso descubrió con esta última, a la que no pudo dejar de nombrar porque poseía cuerpo de mujer. Aunque nunca supo si realmente lo era, bastante verosímil sin embargo según él.
Entonces esta "mujer" volvía todas las noches. Nunca hablaba, pero respiraba, lento y pausado, con pesadez pero con música, le hablaba a través de su respiración.
Él estaba como loco, porque ya hacía como un mes íntegro en el que esta "Musa", porque así la llamaba, se le aparecía, lo rodeaba con la cadencia del respiro y cuando entraban los primeros halos de luz y abría las persianas se dejaba de oir ya ese sonido particular que hacía que él supiera que lo acompañaba.
El día que más se asombró fue el día en el que ella, o lo que sea que "ella" fuera, lo tocó por primera vez. Él estaba acostado en su lado de la cama, el lado en el que ninguna de sus amantes había dormido, y sabía que como todas las noches, desde hacía ya dos semanas en ese entonces, iba a comenzar a oirla a su lado, e iban a jugar a perseguir sus respiraciones, e iban a robarse un poco de sus tiempos, e iban a perpetuarse en el tiempo del otro. Siempre terminaban tirados en la cama, cada uno en un extremo, sin tocarse.
Una vez en uno de esos juegos, él ya había querido tomarla entre sus brazos, y ella se fue y según lo que él oyó, ella se había sentado en una silla, pero cuando encendió la luz, nada había, y la extrañó tanto que decidió no volver a intentarlo. Esperaba que algún día ella quisiera entregarse al tacto, y esa noche llegó a las dos semanas de juegos, cuando él estaba acostado donde siempre.
No se movió, ella ya no respiraba lento, hacía espirales de respiros, dibujaba cosas en el aire, lo invocaba, pero él no se movió. Entonces luego de un suspiro la respiración se apagó como a veces se apagaba y él se preocupaba, pero eran segudos. Aquella vez, en cambio, el minuto fue eterno y él lloró, porque creyó que ya no iba a verla, pero para su sorpresa y al contrario sintió que unas manos tomaban las suyas y las quitaban de su cara, sintió una lengua húmeda que le secaba las lágrimas, sintió dos piernas una a cada costado, sintió que unas caderas se acomodaban sobre su pubis, que la desnudez tenía rostro de aire y oscuridad, y se dejó llevar, y se amaron por horas, y ella se fue como siempre al llegar la luz.
Pero la última vez, día en que se cumplían 28 días exactos de la primera vez en que él la había nombrado, el día ese que yo llamé mes, pero que no llegó a serlo. Esas fueron las 24 horas más felices de su vida porque desde que comenzó el día hasta que terminó estuvo con ella.
Él fue al baño, y no quiso ir a trabajar, llamó, avisó, y se fue a acostar en su lado de la cama. Siempre dormía mirando hacia la ventana, fue en ese instante en que vio que ella no se había desvanecido, nunca se había desvanecido en primera instancia, su transparencia no reflejaba su pureza. Había estado allí del lado de sus amantes, siendo una amada. Era de agua, era de aire, era un respiro y cuando él lo notó, cuando vio que todas esas tardes, esas mañanas se había ido y la había dejado dormida, descansando de respirar sonoramente y perdiendose su respiro entre el ruido de la ciudad que entraba por el ventanal, y que se había perdido de su compañía, ella sí se desintegró como lo que había sido siempre frente a sus ojos, desapareció la transparencia, y y ella fue ennegreciendose. Lo abrazo una opacidad insoportable, la opacidad de haber tenido al fin una amante realmente fiel, una amante que no era como todos esos fantasmas de antes, esos que lo perseguían sin bailes, que sólo le prometían un residuo de ellos mismos. La culpa de saber que ahora ella ennegrecía por no haber visto su transparencia, por no creer ya en la transparencia, en la verdad que a veces está más cercana a lo irreal; por no haber creido que una mujer, o lo que fuera que fuese, sólo algo que lo amó, pudiera amarlo. Lo terrible de haber contado por primera vez con alguien que nunca había abandonado la habitación, que nunca había querido hacerlo y que lo esperó soñando, pero que nunca le prometió la existencia, nunca lo hizo ser: Ella nunca había pronunciado su nombre.

lunes, septiembre 18, 2006

Sarta.

Tranquila como siempre. Con su cadencia, con su encanto y llevando con aires de dama antigua ese vestido floreado. Con esas manos frágiles y blancas, con las uñas claras reflejando el aire. Con los labios transparentes y las mejillas rosadas, flotando en ese paso vespertino se dirigió a la heladera. Tomó la ristra de penes entre sus manos.
Con la naturalidad de la costumbre, y la sinceridad del odio terminó de cercenarlos, uno a uno con la cuchilla elegida para el acto. Ya más simple, más lejana y más vieja los cortó al medio. Y bañada en sangre, pero con su pureza intacta los tiró en la plancha, para darle de comer a alguien que ya no amaba.

sábado, septiembre 16, 2006

Tununum.

Hoy, hoy es sábado. Hoy es sábado y me desperté en FU =)
Sí, voy a ser persona, para no masticar chicle y decirlo luego en japonés.
Hoy es sábado y me desperté mal, triste, hundida, muerta. Hubo varios factores, como siempre es imposible que sea una sola cosa la que nos acomete, necesitamos varias, así es peor. Una la sentí apenas abrí los ojos, la otra cuando terminé de abrirlos y salí de la cama.
Hoy sigue siendo sábado, pero ya estoy lejos de esas horas en que me desperté, el tiempo pasó, y ahora veo con más claridad. Es bastante increible lo que un par de conversaciones y un par de horas hacen en uno. Dan una unidad de tiempo y a veces esclarecen un poco las ideas.
Hoy es un día como cualquier otro, hoy justo cayó sábado que hayas muerto hace tres años. Hoy justo cayó sábado, sábado en que yo haya decidido abrir mi bocota, como siempre hago. Pero ahora me siento liviana, y no pérdida, me gusta que nos entendamos, que no sea forzada la comunicación, liviana. Estoy bastante más cerca de la paz, si es que tal entidad existe. Estoy bastante más lejos del amor y no por antagonismo, es que el amor no está siempre presente, el enamoramiento tampoco, lo pienso de a porciones, hay veces en las que lo siento a rabiar, como una fuerza angustiosa que no me deja pensar en singular, me aúna, me simbiotiza, me hace desaparecer, y ya no soy la que soy siempre, soy otra, distinta, posiblemente absurda. Después llego a mi casa, y la mayor parte de las veces olvido, no recuerdo esa existencia, no recuerdo ni siquiera ese nombre, no recuerdo esa respiración, ni recuerdo a la posiblemente absurda persona en la que me convierto. Es probable que pueda enamorarme un día entero, y al otro ya no sentir esa pasión que me hicieron sentir los árboles, el río o un libro; no se puede amar todo el tiempo, no se puede.
Suelo enamorarme seguidito, de la simpleza, de unos mates, de ciertas calles, de mí misma en ciertas situaciones, de situaciones que hacía tiempo que esperaba, y luego ya no más, luego ya basta, me desenamoro y vuelvo a ser yo, esta fría parca que sufre por la lejanía, esta madeja de rulos y de silencios, esta Virginia que ya hasta se cansa de ser, y prefiere no recordar que justo hoy cayó sábado, y que ya te moriste y que ya estás lejana y que ya no existís y que espero que duela menos con la relatividad del tiempo, pero que agradece con todo el ser que le queda: la verdad.

miércoles, septiembre 13, 2006

Fragmento del terror.

Se deshacía secretamente por dentro porque nunca pudo pronunciar palabra, porque le costaba horrores decir las cosas, porque no podía figurarse ese momento en que su boca hablara, en que sus cuerdas vocales se tensaran, en que el fuego le recorriera la garganta, y un frío ardiente la espina al esperar respuesta, y esa mentira que se acercaba con cara de día.
El miedo le corroía el nombre.
La certidumbre disfrazada de incertidumbre, el saber disfrazado de ignorancia, el amor de indiferencia; y esa boca tan sellada, pero siempre a punto de abrirse y soltar los peces que guardaba, la savia y la miel, siempre a punto del estallido... y ya abierta sin emitir sonido, sólo el hálito que corroboraba que supuestamente seguía viva.

lunes, septiembre 11, 2006

Himno.

Suena el himno en la radio.
Un cigarrillo va consumiéndose, hay agua estancada en un vaso, y ningún teléfono ya va a sonar.
Una mujer está postrada en una silla, y oye:- "¿Qué querés?... A ver."
La mujer quiere que las cosas que la rodean le hablen, entonces el agua la invita a ahogarse en un buche, el cigarrillo a matarla pasivamente, las uñas a despintarse, la televisión a encenderse y los libros a leerse, pero ella quiere oralidad, quiere intercambio, quiere conversar.
En eso estaba cuando la radio, en la parte instrumental del himno nacional, emite un:- Marisa, no pienso conversar con vos, sos lo más aburrido que viene en persona...
Y el himno termina.
Y Marisa llora.

jueves, septiembre 07, 2006

Submundos.

Una vez que ya había abierto demasiadas puertas, comenzaba a cerrárlas. Qué estuvieran abiertas le provocaba una especie de asfixia, demasiado cerradas un hermetismo que aburría.
A veces suponía que era cansancio. Suponía nomás, porque no sabía mentir, se le notaba en la cara que estaba diciendo una cosa por otra para asentar las aguas, que era lo único que tenía valor de asentar.
Lloraba y se retorcía en la asquerosidad que le provocaba mentir con tanto desgano, sabía que los demás notaban que su mentira era mentira, que su falta de pasión era eso mismo, y que su mundo, simplemente uno de esos submundos que posee cualquier sujeto del mundo real, entero, enorme y vasto.
A veces abría alguna puerta, puesto que el encierro en ese submundo suyo no dejaba entrever ni el más mínimo haz de luz. En cuanto daba paso a la esperanza, en cuanto daba paso a las personas, en cuanto daba paso a algo que no pertenecía al inventario de lo conocido, huía... Y claro está que se ponía de inmediato a crear otro submundito que le asegurara su seguridad, esa seguridad absoluta de la que confiaba ciegamente pero que sabía incierta.
Mientras lo edificaba, pensaba en la cantidad de puertas que iba a abrir, cuantas otras iba a cerrar, y cuantas iba a dejar entreabiertas para los curiosos corajudos. Pensaba en cuantos ornamentos iba a colgar de las puertas para tentar a lo externo a apropiarse del adentro, de su adentro tan único y solitario. Pensaba en que número de becados para el viaje a ese submundo iba a premiar, a quienes o a que cosas iba a darles el placer de entrar. Porque puedo yo asegurarles que conocer tal mundo era un placer. Tan difícil como era, tan como lanzarse a una nueva aventura, a un nuevo paraje desconocido, pero lleno de cosas hermosas, lleno de ensueños, de oralidad, de música, de cariño "desmedido", así de desmedido porque sabía cuanto daba y cuanto dejaba de dar, era absolutamente magnificente, sublime, alado.

Todos solían cansarse, todos solían claudicar.

lunes, septiembre 04, 2006

Subordínenlas.

La orquídea impetuosa, la reconquista equívoca, la confluencia eufórica y la ecuación irresoluta con una pronunciable sublevación esquivaron el escuálido arquetipo y la neurálgica perturbación de lo comunicable.

domingo, septiembre 03, 2006

Closure

Acababa de cerrársele una puerta en la cara, una puerta que había cargado un longevo tiempo sobre sus hombros.
Al principio la llevaba cuesta arriba, más precisamente subiendo escaleras. Luego, mientras iba la puerta cerrándose, la transportaba en posición horizontal. La arrastró durante unos meses, y con el tiempo aprendió a convivir con ella. Ya no la sentía, como quien lleva algo pegado en su espalda y todos lo notan menos él mismo.
La puerta se raizó a su cuerpo, a sus pulmones, y cuando ésta dio su portazo final: seco, aspero, y estruendoso; un llanto oblicuo, pesado y eterno de una duración de dos minutos se le escapó, le arrancó los pulmones que luego volvieron a su lugar, para ya respirar sin esa carga contínua que antes se había naturalizado.