martes, octubre 30, 2007

Descripción.

Un hombre sentado en una habitación que le es ajena espera su muerte; y aún sosteniendo el miedo entre sus manos desearía que ésta llegase, porque en ella reside la única forma de liberarse de los temores en los que se reconoce.
Es entonces que sentado mira durante horas las enredaderas del muro ciego que hay frente a su ventana, por la que entra una luz pálida e inerte, que a todo sume en una tonalidad de valores inabarcable. Ese color en las paredes es inidentificable, tal como lo es lo que lo embarga.
Una cama ocupa la habitación con un derecho más legal que el suyo propio. Una cama simple, sin cubrecamas exóticos, simplemente adornada con una sábana blanca y una almohada donde hubieran de posarse desconocidas quimeras; quimeras con las que el hombre ya no llegaría a deleitarse.
La ventana profiriendo gritos de lo grisáceo, alumbra pobremente un viejo y descascarado arcón de madera que guarda en su vientre también libros viejos; ediciones baratas de bolsillo. Y esa puerta entreabierta, la única en la habitación, la única en el mundo, que no deja de hablarle al inhabitante de que lo está por venir, no espera.


... basado en descripcion de lugar by Jack Ripley basada en La espera de J.L Borges...

martes, octubre 02, 2007

Algo que nunca te dije...

Quiero que sepas, que esa tarde al salir del instituto, esa en que caminé hacia esa esquina para tomar el colectivo, y al llegar te vi a una cuadra de distancia con tu paso ligero liviano, y comencé a seguirte, y grité tu nombre una vez en vano, y volví a proferirlo sólo para que la gente me mirara con cara de: "No es él"... fue cuando decidí apurar mi paso, y cuando al susurrar tu nombre en tu oido casi morís de espanto... y nos saludamos, y me miraste, y te miré;
quiero que sepas que esa tarde cuando te alcancé y caminamos juntos media cuadra, en tu camino a hacer las compras, y decidiste cruzar conmigo a tomar algo para matar el calor que nos atosigaba, y de hecho cruzaste, y entramos en esa esquina que nos esperaba plantada en la esquina, y nos sentamos a la mesa, y hablamos de una música que ya hoy nos es cotidiana, y el mozo nos preguntó qué queríamos, y que pediste un exprimido de naranja y que yo contesté que una cerveza en plena tarde, 5 de la tarde;
y salimos, y me dirigí a la siguiente esquina, y venías a mi lado y te pregunté si no debías hacer las compras, y que esta no era la dirección que se suponía que siguieras y me dijiste que sólo querías acompañarme, y yo te dije que bueno y me miraste y me dijiste que ahora ya no tenías ganas, y me diste un beso y te fuiste, y comencé a caminar en tu opuesta dirección, abajo del sol, transpirando malta, escapando de entre mis poros la cerveza;
quiero que sepas que esa tarde que pedí esa cerveza no la pedí simplemente por el calor alegado, sino porque me había dado cuenta de que ya no eras mío, de que ya no iba a tenerte y de que ya nunca ibas a acompañarme si yo dudaba; y que suerte, amor mío, que suerte la de haberme equivocado.